Esa hermosa mentira

16 02 2008

“- ¿Vas a volver a ver televisión en directo alguna vez? -  pregunta ella.
 - No si puedo evitarlo – responde él”
 
Esta conversación tiene lugar en el primer capítulo de Tell me you love me, esa gran serie adulta sobre los problemas de tres parejas adultas(valga la redundancia) y con las escenas de sexo más explícito vistas en la pequeña pantalla.
Y es un bucle.
Y me siento totalmente identificado: veo la serie tumbado cómodamente en mi sofá, recién descargada de internet, humeando aún.
Hace años que no veo una película de una cadena de televisión: me gusta que duren una hora y media y no que si empiezan a las diez de la noche acaben a la una de la madrugada.
Hace mucho que dejé de intentar seguir una serie en una canal de televisión: la contraprogramación y el baile de horarios te acaba volviendo loco.
En pleno siglo XXI me parece un atraso y una pérdida de tiempo total que uno no vea lo que le apetezca ver cuando le apetezca verlo.
En el siglo XXI no nos podemos permitir perder el tiempo mas que en aquello que nos apetezca.
Y hablando del siglo XXI, considero que el nuevo arte visual, el nuevo ingenio se está desplazando del cine a la televisión.
Diría que se estrenan media docena de películas al año realmente buenas, no simplemente entretenidas sino esas que te emocionan y te llenan.
Y creo que al año hay el doble de series realmente buenas, no simplemente entretenidas sino de esas que te emocionan y te llenan.
La diferencia es que mientras la películas te emocionan durante hora y media una serie lo hace durante doce o veinticuatro capítulos.
Mientras en una película la pareja protagonista tiene dos chistes, una frase con segundas y un roce para atraerse y acabar juntos, en una serie(buena) se desarrolla un arco coherente donde los protagonistas evolucionan, todo tiene un porqué y una serie de acciones llevan sin precipitación(que no sin emoción) a unas consecuencias.
Te involucras emocionalmente y casi te transformas en esos personajes.
Casi gritas con los náufragos perdidos en una isla misteriosa, casi animas a cometer nuevos actos sanguinarios a tu asesino en serie favorito.
Tú eres ese naufrago, tú eres ese asesino.

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¿Naufrago o serial killer?


 
Cuando llego a ese punto de identificación me siento un poco freak. Lo admito. Debería estar viendo un reality o un debate sobre un personaje famoso de segunda. Pero entonces rasco un poco en internet y descubro que no estoy solo, que hay un submundo de locos por las series(a lo que contribuyó mucho la magnífica Lost), que disfrutan y comentan sus adicciones televisivas.
Por supuesto, toda esta emoción en versión original subtitulada.
Seré estricto en este punto.
Otro atraso de este país es que debido a nuestra bonita dictadura
(que se basó en  Ley de Defensa del Idioma de Mussolini para promulgar una normativa que censurase las liberales ideas foráneas) no tenemos cultura de versión original y nos chupamos esos horribles doblajes(que si, que España tiene a los mejores dobladores del mundo pero cualquier buena película vista primero en VO y luego doblada te revuelve el estomago).
Desde luego, no me extraña que estemos a la cola de Europa en el nivel de conocimiento de inglés(junto a Italia y Grecia).Esta semana toca ser el nuevo actor famoso de Hollywood que va de fiesta en fiesta, el irónico escritor con cara de Fox Mulder y el mormón con tres esposas. 

La ficción televisiva, esa hermosa mentira.

 








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