Aquel día finalizaba el verano.
Pero aquel fue un día fuera del tiempo.
Las expectativas son papeles que arrugas y lanzas a la papelera sin mirar. Cuando aciertas se transforman en inocuos recuerdos sumergidos en la memoria.
Pero cuando fallas te lanzan a diez mil kilómetros de tu alma y te enfrentan a demonios dorados y a una ingenuidad de cuento de hadas.
Cayó la luna tras ese mar liso en el que nunca habías nadado. Y se llevó consigo ese océano de sonrisas, esa marea de adrenalina y te dejó un bravo oleaje sin rocas que te sostuvieran.
Expectativas interrumpidas.
Ya se ha dicho todo. Y todo lo que quedan son palabras tan vacías como ese abrazo.
Todo. Eso dijiste, te lo recuerdo. Como si pudieras abarcar fácilmente esas cuatro letras inabarcables.
Y tu epidermis es un robusto escudo que te protege de la flechas con punta ardiente de rencor y amargura.
Y sientes que tienes suerte de que nadie, nadie, sabe de la existencia de ese poro que es un agujero negro. De tiempo y espacio. Que te transporta a ese único punto en todo el universo donde se te puede herir.
Donde esas palabras son asteroides que incendian tu escudo.
Se acabó. Buena suerte. Buena vida.