Mi payasito

28 09 2008

Así que cuando nos traen la segunda ronda de jarras de cerveza le pregunto que pasó con aquella chica con la que solía salir. Frunce el ceño sin saber a quien me refiero. Le recuerdo aquella vez que salimos y ambos acabamos ligando. Mi historia ya la sabe porque acabo de decirle en que nombres estamos pensando tanto si es niña como si es niño. Pero ¿y su ligue?
Piensa aún algunos momentos más y finalmente cae en la cuenta. Luego se ríe sólo mientras me tiene en ascuas.
Pues bien, dice, no llegó a mucho la cosa. Me llamó payasito.¿Puedes creerlo?,me pregunta.
Tardo algunos segundos en reaccionar y mi respuesta final es un pregunta: ¿Que?Luego le pregunto si le tiene miedo a los payasos o algo así. Se ríe de nuevo y entonces empieza a rememorar como fue la cosa, llenando los vacíos que tengo de la historia.
Aquella noche salimos a celebrar algo en lo que no acabamos de ponernos de acuerdo. Yo digo que era su nuevo trabajo, él dice que era mi aumento de sueldo. Cómo ambas nos suenan muy materialistas decidimos reinventar la historia y acordamos que fue la celebración de nuestra amistad y la belleza de la vida.
Así que acabamos en aquella discoteca turística del centro celebrando la vida con un seguido de long island ice teas. Supongo que el alcohol, cuatro canciones de los ochenta y cuatro palabras tontas nos acercaron a aquel grupo de chicas.
Un par de remixes y frases tópicas más tarde vi a mi amigo en la esquina de la discoteca celebrando la vida con esa chica.
Por lo que me cuenta a partir de ahí se fueron viendo una vez por semana. Ella era una chica genial,me asegura. Guapa, inteligente, culta, divertida y algunos adjetivos que han perdido valor de tanto usarlos.
Y entonces surgió el pero.
Ese pero que hace que ahora hablemos de ella en pasado.
Un día cualquiera, una cita cualquiera, de esas que incluyen cine o cena o símil, ella se rió con una de sus bromas tontas, le acarició el pelo y acercándose a su oreja le susurró: Mi payasito.
Algún vaso se rompió en alguna parte, un coche se estrelló en alguna carretera, alguna posibilidad quedó condenada en ese momento.
Así que de nuevo le pregunto a mi amigo si es que odia a los payasos.Y el me dice que lo que odió no fue el “payasito” si no el posesivo que llevaba delante: “mi”.
Así que mi amigo básicamente se acojonó cuando la chica, inocentemente, usó un posesivo dando a entender que aquello ya no era una simple celebración momentánea de la vida sino que incluía clausulas de exclusividad.
No la volvió a llamar. No estaba preparado para ese paso. Para ese circo. Para ser un payaso.








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