Mundo real 2.0

1 07 2008

Cosas que nunca (te) dije: me gustas, se que te gusto, sí, no, me apetece, no me apetece, me interesa que me lo cuentes, lo que me estás contando no me interesa lo más mínimo…
Y así hasta el infinito. Y más allá.
Tantas cosas que no nos dijimos. Tantas cosas que nos mentimos.
Porque vivimos en una sociedad cuasireal, en una semihipocresía, en una realidad de mentirijilla.
Y tú tienes la culpa. Tanto como la tengo yo, claro.
Todos los días nos levantamos y mentimos y nos mentimos y somos mentidos.
Aquellas personas que dicen yo no miento, creedme, están mintiendo. Sólo están añadiendo otra mentira en su abultado saldo mentiroso.
Mentimos. Y mentimos bien.
Lo importante no es que mientas sino sobre qué mientes. 
Engañamos, falsificamos, perjuramos, prevaricamos y hasta paparrucheamos.
Sí, a excepción de Bush, la mayoría sólo decimos mentiras piadosas. Sólo.
Las llevamos escuchando desde bien pequeñitos para explicarnos los regalos de Santa Claus, el milagro de los bebés, el Ratoncito Pérez…Las calificamos de mentirijillas para poder vivir con ellas. Porque la amoralidad es un rollo y además da dolor de conciencia: nos vemos, te llamo, claro que te quiero, me cae bien…
Vendemos hipocresía envuelta en tacto y con un lacito de cinismo.
Simulamos, fingimos, ocultamos parcialmente la realidad, la alteramos, la deformamos y la maleamos hasta doblegarla a nuestra conveniencia.
Repartimos curriculums empapados de tinta de falsas vidas paralelas.
Lo que necesitamos es una sacudida, tu y yo. Una montaña rusa de veracidad.
Una de esas que nos de nauseas de verdad. Hasta que de verdad nos de nauseas.
Un poco de honestidad brutal envuelta en sinceridad y con un lacito de cordura.
¿A qué es lo peor a lo que nos podemos enfrentar?
¿Alguna amistad herida, algún conocido molesto, miles de parejas rotas?
Minucias.
Minucias comparadas con un mundo libre de exageraciones, tergiversaciones y verdades embadurnadas de mentira.
La mentira es como el café descafeinado o la cerveza sin alcohol: es parecido pero no es lo mismo. Es la respuesta políticamente correcta de un mundo que juega a desconocerse.
Iba a titular esta divagación ”Miénteme” pero no hace falta. Ya lo haces cada día.








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