De repente en blanco.
Súbitamente a la deriva.
A la vuelta de la esquina, el presente untado de futuro.
En un segundo, el estómago lleno de nervios y el presente lleno de vacío.
En un instante, el cambio.
¿Cómo llegaste a esta situación? No llegaste, te llegó. No la buscaste, te encontró. De frente, desprotegido.
Eres un sparring en el ring. Sin guantes de boxeo.
Desde Tu Interior al Exterior de Todo.
Aquello por lo que tanto abogaste viene ahora a ponerte patas arriba y defensas abajo.
¿Que vas a hacer? O mejor, ¿que vas a dejar de no-hacer?
La Vida, esa putita juguetona, viene a zarandearte y te pone a bailar un vals con tus dos pies izquierdos. Disfruta del baile.
Se acabó la estabilidad, la facilidad de lo cotidiano, la comodidad de lo monótono.
Se ha abierto la caja de Pandora y las piezas del domino de tu vida te caen encima, se remueven y se vuelven a repartir.
Las cosas que antes parecían importar ahora ocupan un lugar, a lo lejos, entre los museos de muñecas y la volatilidad del cadmio.
Se te estruja el corazón y se hace zumo de niebla. Una niebla densa con sabor a confusión.
Ahora que caminas y cada tablón del puente se cae tras de ti, no hay lianas que te sujeten ni Indiana Jones que te salve. Estás sólo para continuar esta película. Eres el protagonista de la gran película del verano o un fiasco del que nadie se querrá acordar.
Respiras hondo porque el aire es lo único seguro ahora mismo dentro de ti.
Te sientes como si hubieran roto contigo y tuvieras que compartir el apartamento con la ex.
Agonizas y te quejas, porque es lo único para lo que tienes fuerzas.
¿Qué es lo próximo que vendrá?
¿Vendrá o serás capaz, por una vez, de ir tú?
Alea iacta est. La suerte está echada.
Respira hondo. Disfruta del baile.