Últimamente tengo una fijación: canta directamente a mis tripas y fue Dios en Dogma(bendito Kevin Smith).
Diosa en realidad.
Y canadiense.
Alanis Morissette.
Tal vez ahora tenga una oportunidad con ella ahora que ha roto con el actor Ryan Reinolds después de estar cuatro años juntos, dos prometidos. Ahora él esta prometido, de nuevo, con Scarlett Johansson. El hombre no tiene mal gusto pero ¿en serio?¿Toda la sensibilidad y belleza interior canjeadas por un par de…mechones rubios?
Ella ha superado la ruptura pariendo Flavors of Entanglement que se publica el 10 de junio. Gracias a las filtraciones en internet hace una semana que lo escucho obsesivamente intentando desgastarlo en mi mp3 camino del trabajo.
La música tiene ese extraño poder de trasladarte inmediatamente a un estado emocional concreto.
Y con este disco, el mejor tras Jagged Little Pill, vuelo inmediatamente a ese rincón dónde sólo Alanis sabe llevarme, lleno de esa mezcla de nostalgia esperanzada, de optimista tristeza, que te desgarra el alma.
Recordemos para los que ven en ella una cantante de la calaña de Britney que es la mujer que vendió 30 millones de copias de su pequeña pastilla ácida y sigue siendo el álbum debut más vendido de la historia.
A su nuevo trabajo le sobran algunas bases electrónicas y un par de canciones donde Alanis se empeña en demostrar que también es una rockera. Yo eso ya lo se pero la quiero desnuda, sensible, exponiendo al mundo sin pudor su dolor y fragilidad.
Pero estos sabores de enredo ofrecen un buen puñado de temazos (Not as we, Underneath o Tapes son sólo algunos).Temas tan íntimos y personales como universales.
Dios es canadiense.
La verdad es que no me sabe mal que sea víctima, según ella canta, de continuos abandonos y decepciones sentimentales porque eso me permite seguir disfrutando de cada una de sus nuevas obras de arte en tres minutos. Y tener la esperanza de que algún día se de cuenta de que debemos estar juntos.
El 29 de junio iré a su concierto para recordárselo.
Seremos 1800 personas pero será como si nos cantara a cada uno individualmente.
Debo decir que a veces intento escapar a su magnetismo con otras, Natalie principalmente. Pero Imbruglia representa esa belleza frágil a la que quieres mantener a salvo del mundo en tu cajita de cristal, como a Campanilla.
Alanis, en cambio, es la belleza madura y poderosamente inteligente con la que llorarías e irías a ese lugar escondido en el final del mundo para admirar juntos esa belleza y luego pasarte toda la noche bebiendo café y discutiendo cual es la frase perfecta que definiría ese sublime estado llamado amor.
Otras veces tonteo con Roysin, otras con las caderas de Shakira y últimamente me tienta esa desconocida jovencita llamada Maria Mena. Pero estas son jóvenes amantes, donde todo es nuevo y tienes que acostumbrarte a superar los miedos, a crear una intimidad.
Alanis es como la vieja amante a la que siempre acabas volviendo, porque en el fondo sabes que fue la mejor que tuviste y con una sola canción sabe qué y cómo te gusta y en un segundo puede crear ese vacío en tu estómago tan parecido al vértigo.
Alanis, cuando hayas acabado con todos esos tontos que te pretenden, que se creen suficientemente profundos como para merecerte, cásate conmigo.
Y vivamos para siempre en una de tus canciones.