Catorce días, cuatro horas, algunos minutos he soportado este dolor.
Diez sollozos, seis hojas en mi diario, algunos suspiros he retenido mi pena.
Sin contacto, con pensamientos ambivalentes, a oscuras.
Has sido vilipendiada, mereces cada detalle del proceso.
Desconcertado, asediado por la indiferencia.
Quiero ser adulto para sobrellevar este luto.
Quiero ser sencillo y aceptar que necesitas tiempo.
Soy como una salida nula en una carrera.
Soy como una casa abandonada, llena de polvo, con los muebles tal y como tú los dejaste, con tu olor impregnando cada momento que compartimos.
Nos revisito, nos reinvento, nos reivindico en las intensas cenizas de tu huida por la puerta de emergencia.
Quiero ser inmenso para que quepa en mi todo este dolor y no me desborde.
Quiero ser suave, como decías, para que resbalen cada una de tus palabras que se adhieren a mi desilusión.
¿Quién puede avanzar y no quedarse atrapado en tu dulzura momentánea?
¿Quién puede renacer, entre escalofríos, en un mundo donde tu mano ya no está entre la mía?
Quiero ser benevolente para dejar de torturarme.
Quiero ser resuelto y perdonarnos a los dos.