Este dolor

27 02 2009

Catorce días,  cuatro horas, algunos minutos he soportado este dolor.

Diez sollozos, seis hojas en mi diario, algunos suspiros he retenido mi pena.

Sin contacto, con pensamientos ambivalentes, a oscuras.

Has sido vilipendiada, mereces cada detalle del proceso.

Desconcertado, asediado por la indiferencia.

Quiero ser adulto para sobrellevar este luto.

Quiero ser sencillo y aceptar que necesitas tiempo.

Soy como una salida nula en una carrera.

Soy como una casa abandonada, llena de polvo, con los muebles tal y como tú los dejaste, con tu olor impregnando cada momento que compartimos.

Nos revisito, nos reinvento, nos reivindico en las intensas cenizas de tu huida por la puerta de emergencia.

Quiero ser inmenso para que quepa en mi todo este dolor y no me desborde.

Quiero ser suave, como decías, para que resbalen cada una de tus palabras que se adhieren a mi desilusión.

¿Quién puede avanzar y no quedarse atrapado en tu dulzura momentánea?

¿Quién puede renacer, entre escalofríos, en un mundo donde tu mano ya no está entre la mía?

Quiero ser benevolente para dejar de torturarme.

Quiero ser resuelto y perdonarnos a los dos.





Roma

16 02 2009

He vuelto al café donde tomábamos nuestro postre pero ya no es lo mismo. Quizás han cambiado el chocolate. O ya no trabajan los mismos cocineros. O quizás es que ya no estás tú.
Esta ciudad tiene sabor a nostalgia y sus milenios de historia no llenan ese vacío que siento al pasear por los adoquines de las calles tortuosas. Tengo que repetirme que debo alzar la mirada para absorver una vez más, después de tanto tiempo, la pasión de cada una de las iglesias, de la ruinas centenarias y los monumentos que yacen esparcidos por la ciudad eterna. Porque lo único que quiero es mirar las luces amarillentas que embriagan el anochecer y buscarte en cada librería donde nos refugiábamos para tomar copas gratis y besos robados.
La fuente parece inmóvil ahora que no la miro junto a tí. Como hacíamos puntualmente, he pasado horas delante de ella, ignorando a los turistas, y aprendiendo de nuevo cada detalle, cada doblez en los ropajes de las esculturas, cada caída de agua. Pero ahora es todo banal y ya no me parece esa belleza extasiante que nos quitaba el aliento.
Tomo aperitivos en ese barrio de estudiantes que conocíamos tan bien pero mis platos se quedan a medias porque no estás aquí para compartirlos.

¿Con quién compartes ahora tus copas y tus confesiones indecentes en público?
El té de menta y el narguile no impiden que esos nervios me devoren el estómago sintiéndote tan cerca de mi piel, de mi nuca en tus labios, de tus ojos en mis ojos.
Aún así fumo por ti, rindo homenaje a cada una de nuestras costumbres acumuladas con el tiempo, honro cada uno de los rituales tan valiosos para nosotros en ese entonces y que ahora parecen forzados, a medias.
Tomo capuccinos y juego con la crema pero no estás ahí para ponértela en la punta de la nariz ni para reírte con mis payasadas.
Me siento vacío e intento agarrar el arenoso tiempo que alguna vez compartimos en esta ciudad que una vez poseímos, cuando el mundo parecía no existir fuera de las fronteras de nuestros sentimientos compartidos.
Los peregrinos se arremolinan a mi alrededor y ya no me hacen gracia la multitud de japoneses haciendo el símbolo de la victoria.
Los pliegues de la piedad ya no me parecen tan reales como cuando tú los seguías con un ojo cerrado y el índice, dibujando curvas en el aire . Ya no me emocionan las perfectas cúpulas ni las capas de historia que se acumulan a mi paso porque la única historia que me interesa no dejó ningún indicio arqueológico que excavar.
Esta es la ciudad más dolorosamente bella del mundo.





Cómo estar todo el día en la cama

4 02 2009

1.Márcalo en tu calendario. Hazlo una cita en tu agenda. Hemos quedado, ¿te vienes? No, lo siento, tengo planes. Que nada altere tu planeado día de vagancia. Nada.

2.Aprovisiónate. Tú decides tu grado de libertad en la cama pero en cualquier caso deberás hacer pequeñas concesiones para ir al baño y a alimentarte. Así pues, haz acopio de comida, bebida, películas, lectura y cualquier ocio con el quieras ocupar el tiempo mientras no duermes.

3.Ponte el pijama. Limpio o recién estrenado. Las cosas se hacen bien o no se hacen.

4.Sabanas limpias. Porque no hay mejor olor ni sensación que el de las sábanas recién estrenadas. Date ese lujo.

5.Duerme. Ese es el principio básico. Sí, leer y realizar otras actividades en las que no entraremos pueden ser muy placenteras pero el objetivo primordial es dormir. Y dormir. Y cuando ya no puedas dormir más duermes un poquito más. Luego lees, escribes o reflexionas hacia dónde va tu vida.

 6.Conectarse. Tienes dos maneras de afrontar este punto. Uno: Te armas de todos los artefactos que permitan seguir conectado con el mundo y el mundo conectado a ti: portátil y móvil. O sólo móvil en el caso de que cargues blackberry/iphone. Dos: (Recomendado)Te desconectas del mundo, apagas aparatos electrónicos y te dedicas a disfrutar del lujo que representa hoy en día estar desaparecido sin actualizar tu estado cada cinco minutos (“John se está rascando la oreja”¿De verdad? Qué interesante y útil!)¿Puedes resistir 24 horas sin el mundo moderno?

7.Baja las persianas. Que parezca de noche. Crea ambiente. O deja una rendija abierta pero la luz es nuestra enemiga para vaguear.

8.No engañes. Nada de drogas ni somníferos. Sólo tapones y máscaras varias están permitidas. No pongas la lavadora y no cocines (a menos que sea algo de microondas). Si lo haces aunque sea una vez estarás rompiendo el espíritu del día-en-la-cama

9.Disfruta. Dormir es uno de los cinco grandes placeres de esta vida. Que su facilidad no te engañe, las cosas que más nos satisfacen suelen provenir de nuestros instintos básicos. Y reposar es uno de ellos.

10.Buscar buena compañía. No necesita aclaraciones.








Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.